Desayunar salado en Catalunya (el llamado 'esmorzar de forquilla') es casi religión, pero en Euskal Herria (al menos en la zona del interior donde vivo -la costa, en todos los sitios, es otro cantar-) estaba siendo misión imposible. Y uso el verbo en pasado porque con las medidas del cierre de bares de 23:00 a 06:00, algunos establecimientos del pueblo ya se están reinventando y van cambiando la carta de cubatas (lo que aquí llaman '"combinados") por una de desayunos más sofisticados que el croissant con 'kafe eta esnea' (café con leche)... ¡para suerte de mi paladar!

Yo he llegado a desayunar de buena mañana recortes de pulpo con salsa de tomate, arenques, torradas con all i oli, bombas picantes... y para acabar el 'cigaló' (carajillo) de la casa en la mítica Cova Fumada de la Barceloneta. El mayor enemigo de los desayunos salados aquí son los 'pintxos', que tampoco son muy mañaneros. Se centran en las horas de los denominados 'hamarretako' y 'hamaiketako': tentempiés de las 10:00 y las 11:00 respectivamente. También hay 'pintxos' por la tarde.

Uno de los bares que ha hecho la transición al desayuno salado en nuestro pueblo es el Mox. Hoy hemos ido y han muerto de éxito. También es así porque aquí la gente intenta apoyar la iniciativa e inventiva emprendedora. Si existe un arquetipo de sociedad solidaria para con sus vecinos el mayor exponente es el de los pequeños pueblos vascos y navarros. Tostadas con tomate y aguacate, otras con mantequilla de cacahuete, plátano y semillas de chía... ¡y hasta una opción que incluye (y así lo pone en la carta) 'pantumaka'!

Mi historia con el 'pa amb tomàquet' en Euskal Herria se remonta unos años atrás, donde la cuadrilla de mi mujer (que en aquel momento era novia) montaron una comida y yo me encargué de hacer el 'pa amb tomàquet' y llevar los juegos de mesa. Con los segundos triunfé, pero el 'pa amb tomàquet' sobró a espuertas (calculé como si estuviese en Catalunya y no aquí) y se lo acabaron comiendo las gallinas del 'aitxitxa' (abuelo) Azintzio al día siguiente.