Después de 4 días de buen tiempo, casi un espejismo aquí donde vivimos, la lluvia y el frío han vuelto. Aquí mucha gente sale a pasear preventivamente con un paraguas bajo el brazo, y razón no les falta. Para mí, mediterráneo de pro, los paraguas son esos cachivaches de dos o tres usos antes de que se autodestruyan que te puede vender cualquier vendedor ambulante de pacotilla. Y es que en casa nunca invertimos en un paraguas de calidad por la falta de necesidad (y por falta de mal tiempo regular).

Aquí la cosa es otro cantar. Hay que tener sí o sí un buen paraguas. Yo he optado por apadrinar uno que alguien se dejó olvidado en la tienda de mi suegra. Es un paraguas muy raro, yo lo llamo "el paraguas invertido". Investigando un poco he descubierto que es el modelo Crazy de una marca llamada Doppler. El sistema es original, resulta que la parte que se moja luego es la que queda dentro y puedes sacudir las gotas haciendo un homenaje (curiosamente en el anterior 'post' hablaba de él) a Sean Connery interpretando al padre de Indiana Jones. Nunca se me olvidará esa escena en la que padre e hijo están a merced del blanco de un avión en un a playa y lo único que hay son ellos dos, un paraguas y un montón de pájaros picoteando lombrices en la arena. Ahí al padre de Indy se le ocurre empezar a sacudir el paraguas para espantar a los pájaros y que echen a volar... esa idea de último recurso les salvó la vida.

Cada vez que sacudo y agito mi recién adoptado "paraguas invertido" me siento el mismísimo Henry Jones en La Última Cruzada.