Si hay una serie de la que todo el mundo está hablando ahora esa es Gambito de Dama. Son sólo siete episodios. Una producción de Netflix que trata la vida de un personaje lamentablemente ficticio (Beth Harmon). Una niña prodigio del ajedrez que tras una dura infancia consigue jugar contra los grandes maestros mundiales.

Hay cosas que me gustan y cosas que no. Empezaré por lo que me ha gustado:

  • Se puede ver perfectamente tanto si sabes de ajedrez como si no.
  • Trata muy bien el tema de la obsesión temprana, enfermiza y necesaria para llegar la excelencia. Hablo de cualquier juego, deporte, disciplina y oficio. Yo mismo (actual subcampeón de España de Carcassonne) he tenido muchas noches en las que no podía conciliar el sueño porque al cerrar los ojos solo podía ver aparecer losetas de Carcassonne que encajaba en un sitio y en otro. Por suerte esa temporada ya pasó.
  • Me gusta también cómo se toca el tema de las dependencias al alcohol y las drogas. Se da a entender el famoso tema de Marilyn Manson I Don't Like The Drugs (But the Drugs Like Me). Es un como la justificada villanía e hiperviolencia del Joker interpretado por Joaquin Phoenix en la película de Todd Phillips en la que la sociedad, y su acentuada falta de mecanismos de ayuda, es responsable en gran medida del desarrollo del lado oscuro del personaje. Tanto que hasta empatizas con él (o con ella en este caso) hasta el punto de la exculpación.
  • Está bien que esta ficción haya situado una mujer en un mundo tan machista como el de la época y el del mismo deporte del ajedrez. La misma Beth Harmon cuestiona las entrevistas que le hacen en las que sólo ponen el foco en que es una mujer en un mundo de hombres... pero esto a su vez me genera sentimientos encontrados que explico en el compendio de lo que no me gusta (y es importante).
  • La inclusión en el reparto de una actriz transexual (Rebecca Root) para ejecutar un papel no necesariamente transexual. Sé que es una obviedad y que en una sociedad preparada para aceptar la diversidad no seria necesaria esta reflexión... pero lamentablemente no somos un sociedad preparada para aceptar la diversidad y por eso celebro, remarco y reivindico este punto.
  • Por último, también se toca de refilón la trama de la Guerra Fría y el intervencionismo de sectores anticomunistas y ultracatólicos en el mundo del ajedrez. Y haberlos los hubo. De hecho Harmon tiene muchas analogías con Bobby Fischer. Me gusta sobremanera la resolución que el personaje toma en el episodio final y la imagen que se da en la serie de la sociedad soviética de la época en relación con el juego del ajedrez. Puede que no necesitasen religión alguna porque la manera de entender y vivir apasionadamente el ajedrez por los rusos ya suplía, en parte, muchos anhelos de devoción.

En cambio no me ha gustado (y hace que no sea una serie redonda al 100%):

  • La pose extremadamente exagerada de la protagonista quinceañera y también adulta interpretada Anya Taylor-Joy. La veo como estirada, antinatural y sobreactuada en muchas ocasiones. En otras brilla, pero esos aires y andares "améliescos" me sacan de mis casillas y hasta de contexto. Y es un problema. Además se acentúa cuando lo comparas con el excelente trabajo de la joven Isla Johnston interpretando a la Beth Harmon niña.
  • Recupero el punto de los sentimientos encontrados con el tema de la mujer en el mundo del ajedrez (extensible por desgracia a muchos otros campos y disciplinas -algo que va mucho más allá de lo conocido y estudiado como "techo de cristal"-). Y es que al acabar la serie te queda un remordimiento de conciencia al tener que limitarte a ver en un biopic de ficción lo que nunca ha podido ser porque nunca lo hemos permitido. Sí, me da pena y asco que las muchas posibles Beth Harmon en el mundo no hayan tenido la oportunidad de manifestarse por ser nuestra sociedad una sociedad radicalmente machista. También el juego del ajedrez lo es extremadamente, incluso en nuestros días, si no mirar el caso de Marta García.