Ayer fue una gran noche. Estrenaba piso como escenario de juego y otra vez el partenaire fue Joseba. Él trajo bajo el brazo el It's a Wonderful World (Frédéric Guérard -sí, con tilde en todas las "e"-), un juego de motor de cartas para generar e intercambiar recursos que inevitablemente recuerda a Splendor (Marc André) si lo desnudas de la innecesaria capa temática y el disfraz de juego de civilizaciones. ¿Es mejor que Splendor? Depende. ¿Es diferente a Splendor? Un poco sí... si necesitas de una pequeña capa temática para meterte más en el juego, te mola el desarrollo de civilizaciones/facciones, te van los juegos de combos y te quieres exprimir las neuronas intentando saber cuál es el orden óptimo de resolución de tus acciones e invertir mejor el 'crystalium' que has generado durante tus turnos... este juego te encantará. Otro punto a favor es que tiene una interesante variante en solitario.

It's a Wonderful World es una de esas licencias que Tranjis Games buscaba y necesitaba para reinvertir los beneficios del pelotazo del Virus! (Domingo Cabrero, Carlos López y Santi Santisteban). Una de esas licencias que les puede salir bien... no venderá ni el 1% de lo que vende Virus!, pero deleitará al público no tan casual y será un juego con buenas críticas dentro de su catálogo. Sería genial que saliese una versión digital en Steam del juego (ahí lo dejo).

Por otro lado, el autor de It's a Wonderful World tenía ya algún que otro juego en el mercado y uno de los que tuve en mi radar era el Ilôs, publicado en España por Mercurio. Después de jugar al It's a Wonderful World este Ilôs vuelve a subir con fuerza en mi radar, más aún cuando veo en la BGG comentarios del estilo "Very much underrated game!" o "Pretty modular board game mixing exploration with resource gathering and a market mechanism. Each game develops differently."... más aún cuando se puede encontrar por menos de 17€ en tu tienda amiga.

Seguimos la noche con Babylonia (Reiner Knizia) publicado por Ludonova y 'hateado' por algunos youtubers de nueva hornada por "el arte" (feo según ellos) o por la misma historia de siempre: la del refrito de mecánicas. Y sí tiene cosas que recuerdan a otros grandes juegos de Knizia (las pelis de Woody Allen también se parecen entre ellas... y son todas geniales), se deja jugar deliciosamente y estoy seguro que verá mesa más veces en nuestro grupo. Inicialmente parece equiparable en rapidez, escalabilidad, buen sabor de boca, puñaladitas y demás al bienquerido Ethnos (Paolo Mori). Juega en esa misma liga y no es mala señal.

Seguimos con Campos de Arroz (Corry Damey), un juego tipo cartera exclusivo para 2 jugadores de los de Button Shy que en España publica la gente de Salt and Pepper Games. Con 18 cartas y un sistema de draft iremos expandiendo y cerrando nuestros arrozales intentando maximizar la puntuación incluyendo bueyes, campesinos o casas. También hay una puntuación extra que te puede dar tu ancestro (justamente el reverso de una carta de arrozal que se elige entre dos cartas iniciales). En dos fases muy rapiditas te ventilas el juego y... no está mal pero no mata (¡para sólo 18 cartas eso ya es demasiado!).

Lo que más me motivó a comprarme Campos de Arroz fueron dos cosas: que hace un tiempo intenté hacer un prototipo con losetas sobre el mismo tema de los arrozales pero inspirado en el Delta del Ebro (me flipan las 3 fases y sus colores: inundación -reflectante del agua-, crecimiento de la planta -verde- y recogida de la misma -dorado-). El segundo factor de compra es que parece ser que el autor tiene una historia personal con el tema porque, aunque Corry Damey es de Seattle, tiene raíces familiares camboyanas... de ahí la inclusión de los ancestros en los anversos de las cartas. Sea como sea estos formatos minimalistas siempre me llaman la atención.

Por último jugamos a otro exclusivo para 2 jugadores, pero esta vez con un formato más extendido. Hablo del París: La Cité de la Lumière (José Antonio Abascal) editado por Devir. Un juego con dos fases y cada una de ellas con dos opciones de cosas para hacer en cada turno. La primera fase es la del adoquinado de París (la construcción del tablero -que se hace en la misma caja-) en la que además de colocar las losetas de adoquines puedes reservarte edificios para la siguiente fase. En la siguiente fase de juego se colocan los edificios que te has reservado previamente y también puedes coger unos 'power-ups' en forma de postales para tener ciertas ventajas o puntos extras al final de la partida. Un abstracto apañadete con una producción agradable (se queda permanentemente en mi colección por el aprecio personal que le tengo a José Antonio, que hace un año me cedió su primer prototipo del Checkpoint Charlie para que lo pudiese hacer llegar personalmente a la subasta solidaria de Ayudar Jugando).

Por cierto, poco hablan los youtubers obsesionados con la estética de este juego... supongo que es porque no le pueden sacar ni una pega en este sentido al gran trabajo hecho por Oriol Hernández.

Tengo una corazonada sobre las postales de este juego... sobre una de ellas en concreto. Me refiero a la del Jardin des Plantes. No conozco demasiado a David Esbrí (editor del juego en Devir), pero intuyo que es otro flipado como yo de la literatura cortazariana y una vez que has leído y releído mil veces el micro-relato Axolotl tienes cierta obsesión por ese lugar parisino conocido como Jardin des Plantes (¡he hecho algún viaje a París sólo por entrar ahí!). Yo muchas veces pienso que sigue habiendo un escritor encerrado dentro del cuerpo de un pececillo, y lo que es peor: que hay un pez deambulando por París poseyendo a un escritor.